Muchas veces nos enteramos de que alguien se suicidó y nos preguntamos: “¿Por qué lo hizo?”. En general, la persona que planea suicidarse tiene una visión muy estrecha, en donde no existen salidas a sus problemas sean existenciales, económicos o familiares. No ve alternativas, no tiene motivos suficientes para seguir viviendo. También, suele presentar un cuadro psiquiátrico desorganizado, en donde no puede asimilar la información que se le da, no acepta ayuda y se niega a racionalizar su decisión.
Si bien es cierto que no todos los que avisan se suicidan, si está comprobado que todos los que se han suicidado han dado sus señales antes. El hecho de que una persona atente contra su vida para llamar la atención, es un grito al vacío en donde se implora ayuda. En un 70% de los suicidios, la persona había comunicado sus ideas suicidas. En todas las clases socioeconómicas se presenta este tipo de conducta.
Una de las formas de identificar si una persona ha sentido ganas de quitarse la vida, es preguntándole si alguna vez lo ha pensado. También, podemos investigar acerca de sus sentimientos respecto a la vida, preguntando si ha pensado alguna vez en que la vida no tiene sentido. Cuando las respuestas son afirmativas, debemos continuar indagando ya que ello podría suponer una tendencia suicida. Una persona que declara que le gustaría quedarse dormida o no despertar en un buen tiempo, simbólicamente, está pensando en la muerte, que, en cierta forma, es un dormir eterno.
Es importante verificar el grado de letalidad de las ideas suicidas. La mayoría de los suicidas planean muy bien la forma de morir. Si conocemos a una persona que nos avisa, nos comenta o simplemente creemos que sufre una gran depresión, debemos intentar llevarla a un centro de orientación psicológica. No debemos regañarlo o burlarnos de sus ideas. Ante un paciente con riesgo suicida, se debe dar apoyo y contención. No se debe juzgar su conducta, al contrario, debemos mostrarle opciones de vida, acompañarlo y convencerlo de que requiere ayuda profesional.
Consideraciones generales
El suicidio es realmente un gran problema mundial, si se piensa que mueren más personas por autoeliminación al año que por guerras, ataques terroristas y homicidios
Se producen más de un millón de suicidios al año en el mundo pero la mayoría de las sociedades no le presta suficiente atención, lo que es particularmente trágico, porque es prevenible.
El suicidio es un acto desesperado de alguien que está experimentando tanto dolor en su vida, que quiere poner fin a ese dolor
No hay una incidencia genética, aunque algunos desórdenes mentales de origen genético aumentan los riesgos suicidas, así como tener genéticamente un carácter impulsivo.
De hecho, la mayoría de los suicidas que reciben ayuda no se quitan la vida
La gente no se mata porque quiera morirse, sino porque no ven ninguna esperanza de sentirse mejor en el futuro, por lo que es importante mostrarles que siempre hay esperanza, de que las cosas pueden cambiar
La mitad de la gente que comete suicidio lo hace bajo la influencia del alcohol o las drogas.
Acerca de la eventual incidencia de factores climáticos, la gente no se mata porque haga frío o esté oscuro, aunque ello empeora la situación de los que ya están deprimidos.
Los hombres se suicidan más que las mujeres -salvo excepciones, como China- debido a que los hombres son menos propensos a buscar ayuda para sus dificultades personales.
El suicidio existe desde que se tiene registro de la historia humana y ocurre entre la gente más pobre y la gente más rica, por lo que se descarta una incidencia de la insatisfacción por no acceder a los bienes de consumo.
Las estadísticas no son siempre confiables debido a que muchas veces los suicidios se computan como muertes violentas o accidentes.
No obstante, las tasas han descendido en muchos países que en los últimos cinco o diez años invirtieron en prevención del suicidio, como en Estados Unidos, donde las tasas descendieron razonablemente.
En tanto, las mayores tasas se registran en los países de la ex Unión Soviética, donde el alcohol juega un rol muy importante cuando los precios del vodka subieron en forma sustancial, las tasas de suicidio bajaron.
Otro factor es que estos países han atravesado profundos cambios y si bien muchos se beneficiaron, mucha gente siente que quedó rezagada.
¿Es que cuando ocurren grandes cambios, las tasas de suicidio suben?
En el suicidio también inciden “los factores culturales”, como en Japón, donde perder el trabajo o no ingresar a la universidad puede ser considerado una deshonra, por lo que la persona afectada opta por quitarse la vida.
Dr. Avilio Méndez Flores
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