Una de las principales enfermedades que afecta a la humanidad es la hipertensión arterial, con el agravante de ser absolutamente asintomática, por lo cual la mayoría de los afectados o no saben que son hipertensos o abandonan el tratamiento “porque se sienten bien”.
Con frecuencia el paciente cree que la hipertensión es una enfermedad muy molesta, responsable de los dolores de cabeza, mareos, calorones, dolor en la parte posterior del cuello, sangrado por la nariz, ojos rojos, orejas calientes, sudoración y palpitaciones.
Cada paciente cree que tiene una forma una forma muy particular de detectar cuando tiene la tensión alta. Suelen echarle la culpa a la hipertensión de todas las quejas no muy bien definidas que puedan presentar en un momento dado, especialmente después que se le detecta por primera vez cifras tensionales elevadas. Estas creencias erróneas hacen pensar al paciente que el tratamiento se justifica solamente cuando presentan algún síntoma, pero cuando se sienten bien no toman el tratamiento.
Muchas veces, al iniciar el tratamiento es posible que el paciente perciba algún efecto secundario del medicamento antihipertensivo (tos, flema, picor en la garganta, boca seca, dolor de cabeza, sueño o hinchazón en las piernas). En esos momentos también está en juego el costo de los medicamentos, que agrega un nuevo gasto fijo al presupuesto familiar. Incluso, los familiares inmediatos participan en el desestímulo a continuar el tratamiento. Suelen decir: ¿Vas a continuar tomando ese pastillero?, cuando lo deseable es apoyar su cumplimiento y, en caso de duda, hacerle la pregunta a su médico tratante. Es solamente a través de una relación médico paciente adecuada y periódica como se puede obtener un control tensional eficiente que logre neutralizar el efecto dañino de la hipertensión y otros factores de riesgo cardiovascular, que impiden sus complicaciones crónicas, logrando así una mayor calidad y cantidad y cantidad de vida útil.
Existen decenas de medicamentos antihipertensivos y es labor del médico conjuntamente con el paciente ubicar el tratamiento más adecuado a sus condiciones de salud, mejor tolerado y ajustado incluso a sus posibilidades económicas. Algunas en casos de hipertensión moderada o severa se requiere utilizar más de un medicamento para obtener el control adecuado. Aquí no se puede ahorrar, pues si no se cumplen las dosis adecuadas no se va a lograr mantener cifras ideales y no se va a poder evitar el riesgo de las complicaciones cardiovasculares que se establecerán tarde o temprano.
En este aspecto siempre hay que insistir que el objetivo del tratamiento antihipertensivo es la prevención de sus temibles complicaciones crónicas, como la enfermedad de las arterias coronarias (angina de pecho, infarto del miocardio), el infarto o hemorragia cerebral (accidente cerebro vascular -ACV-), la insuficiencia cardiaca, las obstrucciones o aneurismas arteriales, arterioesclerosis y la insuficiencia renal crónica.
No podemos saber si tenemos la tensión alta a menos que consultemos al médico, por lo menos una vez al año.
Dr. Avilio Méndez Flores
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